«Retrato Editorial en Tiempos de SMS»:

Daniel Sánchez inauguró el pasado 16 de enero la exposición «Retrato Editorial en tiempos de SMS» y estará expuesta hasta el 9 de marzo. Una mirada que aglutina fotografías tomadas desde 30 años atrás hasta la actualidad. En Print&Raw hemos tenido el gusto de imprimir esta exposición, además de asistir a la charla ofrecida por Daniel el día 06 de febrero, donde pudimos hacerle unas preguntas al respecto de su exposición.

Print&Raw: ¿En qué consiste la exposición? ¿Por qué la hiciste y qué te ha llevado a traerla hasta aquí?

Daniel Sánchez: La exposición son 30 años de retrato editorial. Empecé por amor al arte, haciendo mi obra de autor. Luego decidí que quería empezar a publicar y me he dado cuenta que ya antes había creado mis propias entrevistas. Por ejemplo, con Jorge Perugorría, un actor cubano, busqué quedar con él cuando estaba rodando en Madrid y hacerle unos retratos. De manera inconsciente generaba material que podría servir para este proyecto, más tarde empecé a publicar. Me parece que toda esta retrospectiva es hablar de una sociedad, de un momento histórico y no porque le de a esta exposición la categoría de algo célebre, sino porque me parece importante ya que se habla de momentos de la vida de la gente, como de hechos musicales, de cine, de filósofos, de política… y sobre todo cuando los políticos todavía merecían algo de respeto. Pienso que es interesante, debatir y hablar sobre ello. Ahora se habla muy poco y se consume todo rápido sin pensar, sin reflexionar y sin hablar.

P&R: ¿Cómo has hecho ese ejercicio de bucear en todo tu archivo para poder preparar esta exposición? ¿Cómo es ese trabajo de edición?

DS: Había una serie de retratos que tenía editados y retocados, algunos en blanco y negro, otros en color… De los encargos que realizaba entregaba a lo mejor tres fotos, cinco fotos, a veces una sola. Y durante años, estás siempre viendo lo mismo. Por ejemplo, Blanca Marcillac, miras esa sesión y en ese momento tienes que elegir en función del tipo de encargo que se trata, para qué revista es, qué corte tiene… si es de psicología, si es social, si es un dominical, etc. Ahora eliges a tu criterio y de repente dices: «Joder, es que mola esta serie, y mola esta, esta, esta y esta». Aquí por ejemplo la tengo más seria, que me gusta mucho más como un retrato, pero la tengo riéndose, haciendo un gesto más de modelo, moviendo el pelo… y esas cosas me interesan menos. Entonces es ir buceando y revisando esas sesiones y volverte a encontrar con lo que ves para mirarlo desde otro punto de vista. 

P&R: ¿Cómo crees que ha sido la evolución de la fotografía de periodismo y de retrato de estos años? ¿Y cómo crees que esta exposición invita a reflexionar sobre eso?

DS: Pues el título de la exposición viene muy al caso. En aquellos tiempos, cuando empecé a retratar, no existían los móviles, estaba arrancando internet. Por ejemplo, a mi mujer, que es periodista, o a mí como fotógrafo nos decían: «Pero si yo leo tus reportajes, yo veo tus fotos de estos reportajes», los encuentros sociales tenían mucha más importancia. Esas eran las redes sociales y se empleaba mucho más tiempo. No teníamos tantas distracciones con las pantallas porque no existían. Entonces dedicamos mucho más tiempo a inspirarnos, a leer, a pensar sobre lo que leemos y cómo nos documentamos. Como trabajo era un ritmo muy intenso, muy frenético, pero diferente al frenetismo de ahora, que más bien es no prestar atención a nada, o casi nada. Hay demasiado a lo que atender.

P&R: ¿Cómo fue tomar estas fotografías?

DS: Generalmente siempre he intentado bucear un poco en quién es ese personaje, qué ha hecho, por qué destaca, etc. Los ingredientes que me gustan son la ironía y el humor, siempre tratado con respeto, pero que sea algo divertido sí da lugar. Por ejemplo, retraté a la mujer de Litvinenko, un espía ruso que fue envenenado en Londres, ahí hay poca ironía y poco humor, pero generalmente esos son mis ingredientes. Luego preparar una idea sobre el personaje o dónde creo que voy a ir, pensar una idea de retrato, de iluminación y luego ya dejarlo abierto a lo que suceda. Si piensas que vas a hacer un retrato de otra manera te puedes llevar un gran shock porque te ha cambiado todo, el tiempo, la luz, el sitio, lo que sea. Entonces tienes que estar dispuesto a elegir rápidamente algo que te cuadre. Hay un ejercicio ahí de rapidez y de adrenalina que mola con el que me siento cómodo.

P&R: ¿Cómo crees o si crees que esta exposición refleja o que cada foto refleja el tiempo en el que fue tomada? ¿Crees que eso influye?

DS: No me lo he planteado así. Quizá sería interesante preguntarle a los espectadores si ven o detectan una época y si sabrían decir aproximadamente en qué rango de cinco años podría haber estado hecha. Creo que sería muy interesante. Hay una característica aquí y es que no hay cartelas. Pensé en poner unas cartelas agrupadas, por bloques, pero finalmente no las he puesto. ¿Por qué no las he puesto? Porque en unos tiempos en los que nos lo dan todo masticado, por ejemplo como en las películas, que muchas veces son muy evidentes. Creo que es más divertido ya que son personajes y no son anónimos, jugar a indagar quién puede ser. ¿Será un actor o será un músico? Y luego, ¿le conozco? Creo que le conozco o no. Y si es un grupo de gente, ver si entre todos al final lo deducen. Y me parece que, como en el cine, el buen cine, que te deja una trama, pero no te la resuelve para que tú la termines.

P&R: ¿Cómo crees que te ha ayudado, o cómo tú como fotógrafo, te apoyas en el espacio, en el montaje, los marcos y la iluminación para realzar el producto final que es la exposición?

DS: Pensé diferentes opciones, por ejemplo, el marco, que te vas algo clásico o sin marco. En este caso yo creo que le iba bien el tema del marco, también es verdad que lo podías hacer sin marco, pero parece que les dejas un poco más desnudos. Se podría haber hecho lonas o alguna otra cosa así, pero dentro de los marcos puedes hacer el formato más clásico con paspartú, o sin él. Al final la decisión que tomé fue dejarle margen blanco que hiciera las veces de paspartú, de esa manera es un poco más moderno y más ligero también. Otra opción que me hubiera gustado, pero que en este caso al final no lo he hecho, ha sido dejar la mancha fotográfica a sangre con el marco, negro en este caso. Yo creo que le da más elegancia y queda muy bien.

P&R: Y por último, el papel. ¿Qué te ha llevado a elegir este tipo de papel?

DS: Con Print&Raw probamos varios tipos de papel. Primero probamos un papel póster de 180gr que funcionaba muy bien en color, con un aspecto mate que a mi me gustaba especialmente, pero para blanco y negro no funcionaba del todo bien ya que dejaba algunas dominantes. De ahí pasamos a otros papeles como el lustre perlado de 260gr, que funcionaba bastante bien, pero seguí probando, más en concreto, unos mate que me gustaron, sin embargo la profundidad de negros no me terminaba de convencer. Finalmente me dí cuenta de que por la importancia de estos retratos necesitaba un papel que añadiera algo distinto y que le sumara un poco más de carácter al resultado final. Eso lo encontré en el fine art baryta de hahnemühle de 325gr, un papel que se acerca a los baritados químicos y a una estética que recuerda a esos tiempos del SMS. 

A continuación, desde el equipo de Print&Raw, os dejamos con un pequeño vídeo en el que Daniel Sánchez nos habla más en profundidad sobre esta exposición. ¡Esperamos que lo disfrutéis!

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